
Ayer hicimos una entrega de alimentos. En una de las casas que fuimos estaba una señora con sus 4 hijas pequeñas, y mientras yo caminaba con la funda de comida, las niñas casi la arrancaron de mis manos. Y empezaron a sacar cada cosa, uno a la vez, y sus rostros se iluminaron con cada uno. Mariana de 7 años sacó una botella de mayonesa y me preguntó: “¿Qué es esto?” Yo le dije que era mayonesa y la abrió y ella y sus hermanas se la pasaban entre ellas, comiendo directamente de la botella. Viendo yo pensaba OH deben haber estado con tanta hambre! Me dolía el corazón, pero me sonreí con ellas, ya que eran muy contentas con la comida!
Tratando de evitar que las lágrimas caigan, me dirigí a la madre, y le pregunté si le había gustado el servicio en la iglesia con nosotros recientemente. (Han visitado una vez, y están planeando volver). A la pequeña Mariana le encantó y no podía dejar de hablar sobre el deseo de ir de nuevo. Ella me preguntó si el servicio fue ese día, mientras ella iba a vestirse. Le dije, no, que sería el sábado. Pero ella corrió hacia el interior de su casa de todos modos, la cual tiene una sola habitación y regresó rápidamente, de nuevo con una enorme sonrisa en su rostro. De pie en la puerta, tenía en sus manos un vestido largo de flores, de color amarillo. Tenía una manga que fue arrancada, y todo el vestido estaba completamente cubierto de manchas negras por todas partes. Se quedó allí sonriendo, y me mostraba su vestido “hermoso”, y dijo: “Puedo poner esto para ir a la iglesia, hermana Susan”. Casi no pude contener mis lagrimas. Con un gran nudo en mi garganta, le sonreí y le dije: “Oh, sí, Mariana !! Seguramente tu puedes! Tu puedes usar su hermoso vestido para ir a la iglesia el sábado.”
Fui allí para darles algo, tocar sus vidas de alguna pequeña manera, pero yo soy la que fui muy bendecida y tan increíblemente tocada !!! – Misionera Susan Templet
